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El no matar o por otra parte causarle daño a otras criaturas vivientes es de obvio beneficio para estas. Menos obvio es el hecho de que al abstenernos de causarle daño a otros, es igualmente ventajoso para nosotros mismos. ¿Por qué? Por la ley del karma que dice, “Aquello que siembres, eso recogerás”. Cuando matas o eres la causa de que otros maten para ti, para satisfacer tu deseo de comer carne, se incurre en una deuda kármica y esta deberá ser pagada eventualmente. Así que, en un sentido verdadero, el mantener una dieta vegetariana es un regalo que nos damos a nosotros mismos. Nos sentimos mejor, la calidad de nuestras vidas mejora y la pesadez de nuestra deuda kármica se reduce y se nos ofrece entrada dentro de los sutiles y celestiales reinos de las experiencias internas. ¡Vale la pena el pequeño precio que hay que pagar! Los argumentos espirituales en contra del consumo de carne son convincentes para algunas personas, pero existen otras razones poderosas para ser vegetarianos. Todas están basadas en el sentido común. Tienen que ver con asuntos relacionados con la salud y la nutrición, la ecología y el medio ambiente, la ética y el sufrimiento animal y el hambre en el mundo. |
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