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La Maestra Ching Hai nació en Au Lac. Su padre fue un renombrado médico naturópata que le gustaba estudiar literatura mundial y estaba especialmente interesado en la filosofía. Entre sus favoritos se encontraban los escritos de Lao Tse y Chuang Tse; los cuales estaban a la disposición de la Maestra Ching Hai cuando era niña. Ella leyó estos y otros textos filosóficos de Oriente y Occidente, antes de entrar a la escuela primaria. La Maestra Ching Hai no era una niña común. A menudo se le encontraba leyendo literatura filosófica mientras los otros niños hacían sus tareas escolares y jugaban. Cuando Su padre preocupado le preguntó si entendía estas obras. Le contestó: “Padre, si no las entendiera, señor no tendría ningún interés en continuar leyendo”. Aunque siguió preocupado, su informe escolar era consistentemente excelente y entonces él apoyó sus inusuales intereses. A pesar de que sus padres eran católicos, estaban abiertos a las enseñanzas del Budismo. La abuela de la Maestra Ching Hai, una budista con quien gustaba pasar el tiempo, le enseñó las escrituras y el culto budista. Como un resultado de su formación, la Maestra Ching Hai desarrolló una actitud muy abierta hacia la religión. Ella asistía a la Iglesia Católica en la mañana, en la tarde al Templo Budista y en la noche escuchaba conferencias de las enseñanzas sagradas. Esta temprana búsqueda la dejó con muchas interrogantes espirituales sin contestar: “¿De dónde venimos? ¿Qué es la vida y la muerte? ¿Por qué es la gente tan diferente?” Durante la guerra hubo escasez de médicos y enfermeras en su pueblo, así que la Maestra ayudó en el hospital después de sus clases. Ella lavaba a los pacientes, vaciaba sus silletas y hacía mandados, en sus esfuerzos por mitigar el sufrimiento. Amigos aún de diferentes países a menudo le llamaban “el Buda viviente” o la “santa graciosa”, por su sentido del humor y su amabilidad con todos. Una vegetariana de toda la vida. Siempre le ha repugnado el ver la matanza, y se le ha conocido por llevar un animal herido a casa, cuidarlo y ponerlo en libertad. Si veía un animal que estaban sacrificando, Ella derramaba lágrimas, queriendo impedir el sufrimiento en el mundo. Cuando la Maestra Ching Hai era una niña, un astrólogo dijo que Ella era un ser muy inusual y inteligente con un carácter y moralidad superior. Se predijo que se iluminaría, y que sí se casaba, tendría una feliz relación y un esposo admirable. La misma predicción fue repetida muchas otras veces, más tarde en su vida. (¡Aún en diferentes países!) Cuando la Maestra Ching Hai dejó su hogar para ir a los Himalayas, Su madre fue a un templo para orar pidiendo consejo. Escogió un templo donde se decía que la Bodhisattva Avalokitesvara contestaba a todas las interrogantes de sus sinceros devotos. Se le dijo, “Su hija es una niña extraordinaria y noble, una en billones. Ha venido a este mundo en la misión junto con Quan Yin, para salvar a los seres sensibles del sufrimiento”. Trabajó por un tiempo en Alemania como traductora para la Cruz Roja y trabajaba muchas horas como voluntaria a costa de su salud y comodidad, al servicio de los refugiados aulacenses. De su trabajo con la Cruz Roja la Maestra Ching Hai llegó a conocer el sufrimiento de los refugiados de muchos países. Continuamente fue testigo del sufrimiento que lleva consigo la guerra y los desastres naturales, ella luchó para aliviar su dolor, pero pronto se dio cuenta de la impotencia para tener un impacto significativo en el sufrimiento de la humanidad. Esta realización fortaleció su determinación para obtener la iluminación, ya que sabía que esta era la mejor manera para ayudar a aliviar el dolor de la humanidad. Por lo tanto, mientras vivía en Europa, practicó Su meditación aún más diligentemente, buscando nuevos maestros, leyendo toda la literatura espiritual que podía encontrar y practicando muchos métodos. Sin embargo, sintió que ninguno de los métodos funcionaba y que no estaba experimentando el fenómeno espiritual descrito en las escrituras, ni alcanzaba un estado de iluminación. Esta situación se volvía progresivamente insoportable. Mientras estuvo en Alemania, la Maestra estuvo felizmente casada con un científico alemán, quien se había doctorado en dos especialidades. Su esposo era amable, atento y comprensivo. Se convirtió al vegetarianismo, viajaba con su esposa en peregrinajes y la apoyaba en sus trabajos de caridad. Sin embargo, la Maestra sintió que necesitaba dejar su matrimonio para buscar su meta espiritual. Comentó el asunto largamente con su esposo y la separación se dio con su consentimiento. Aunque fue una decisión en extremo difícil para ambos, Ella sintió muy fuertemente, que era la decisión correcta que debía tomar, para proseguir con la búsqueda de la iluminación. Después de dejar su matrimonio, la Maestra Ching Hai, buscó el método perfecto que le permitiera conseguir la liberación total en una vida. Sin embargo, ninguno de Sus maestros conocía este método. Viajando miles de millas y buscando por muchos años, finalmente encontró un Maestro Himalayo quien la inició en el Método Quan Yin y le dio la Transmisión Divina que Ella buscaba. Después de un período de práctica del Quan Yin, Ella se iluminó completamente y continuó practicando y mejorando Su entendimiento. Permaneció en retiro en los Himalayas por algún tiempo, continuando con su práctica diaria. Eventualmente, la Maestra Ching Hai viajó a Formosa. Una tarde, estaba meditando en su cuarto, detrás de un pequeño templo, mientras un tifón con fuertes lluvias azotaba en las afueras. Fue interrumpida por un golpe en la puerta, los huéspedes de la Maestra que no habían sido invitados le dijeron: “La Diosa de la Misericordia respondió nuestras plegarias y nos habló de Usted diciendo que es la gran Maestra y que debemos pedirle el camino para alcanzar la liberación”. La Maestra trató de despedirlos, pero se rehusaron. Finalmente conmovida por su sinceridad y devoción, aceptando iniciarlos después de pasar un período de purificación por varios meses y de aceptar el adherirse a una dieta vegetariana. Tímida por naturaleza, la Maestra Ching Hai no buscó estudiantes para enseñar. En verdad, huía de las personas que la buscaban. Esto sucedió en la India, Alemania, Formosa y también en los Estados Unidos, donde vivía una vida sencilla en un pequeño templo. Esta vez en Formosa, cuando fue “descubierta”, por tercera vez, comprendió que no debía huir de los inevitables deberes que le esperaban. Comenzó a compartir con todos los que deseaban escuchar su mensaje de la Verdad, y a iniciar a los estudiantes sinceros en el Método Quan Yin. Tomado de: Libro ejemplar gratuito |